Marketing

Las lecciones de marketing que podemos encontrar en los botes de Ketchup

Las botellas de ketchup son un elemento presente en todas partes que podemos encontrar en cualquier tienda de alimentación, supermercados y restaurantes de todo tipo. Una salsa que forma parte de nuestra vida cotidiana y reconocida por consumidores de todas las edades. Pero no solamente reconocen el producto en sí, sino también las botellas en las que viene. Igualmente tan fáciles de identificar por sus consumidores. Y es que los fabricantes de salsas consiguieron que un producto más bien banal haya pasado a ser un elemento muy valioso, en un destacado caso de éxito.

Tanto la salsa como el propio envase hacen que el ketchup se haya convertido en una potente herramienta para entender algunas lecciones de marketing y aprender cómo podemos conectar con los consumidores.

El éxito del ketchup y el puesto que ocupa actualmente en el mercado están muy relacionados con las acciones llevadas a cabo por Heinz, la empresa que se ha hecho famosa por ser la que inventó el ketchup, aunque lo cierto es que esta salsa no era algo tan nuevo. Todo apunta a que el ketchup es una variante es una salsa china que llegó a Gran Bretaña entre los siglos XVII y XVIII. Eso sí, en aquel entonces se elaboraba con más ingredientes y no era tal y como la conocemos hoy en día.

La cuestión es que fue Heinz, a finales del siglo XIX, la que contribuyó a asentar la versión con tomate que hoy consumimos. Pero además, consiguió que su receta marcara el patrón de cómo debía hacerse y cómo debía comercializarse. En esa época surgió una gran polémica sobre si los métodos de conservación eran o no saludables. Entonces, Heinz difundió la idea de que lo mejor era el ketchup sin conservantes, añadiendo vinagre a la receta para que durara más tiempo en buenas condiciones.

Pero no solamente debemos a Heinz la receta actual, sino también el hecho de que se haya convertido en un producto básico que podemos encontrar casi en cualquier nevera. Desde entonces, el ketchup desapareció de los libros de recetas porque pasó a ser algo que se compraba directamente. Gracias a ello, en 1905 ya vendía unos 5 millones de botellas de ketchup al año. Solamente en España se consumían 22,6 millones de kilos de ketchup cada año, solamente superado por los 52,9 kilos de mayonesa.

Así pues, Heinz consiguió que el ketchup fuera un producto recurrente de consumo diario. Sin embargo, la oferta fue en aumento a lo largo del siglo XX, por lo que tuvo que encontrar la manera de seguir liderando el mercado sin quedar sepultada por otras marcas. Su idea fue modificar el diseño de la botella.

Fue así cómo aparecieron las botellas de Heinz que hoy conocemos, esas que se colocan boca abajo. Gracias a ello, el consumidor no tenía que esforzarse para sacar la salsa cuando quedaba poca. Algo completamente diferente a lo que ya había en el mercado. Esto hizo que las ventas de la marca aumentaran un 25% en los años posteriores, un crecimiento conseguido a costa de sus competidores.

Lo más interesante de todo esto es que Heinz no había inventado la pólvora. De hecho, este diseño de botella ya era usado por las marcas de champú. Lo único que hizo fue adaptarlo para solucionar su problema y conectar de nuevo con su público.

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