Marketing

¿Cómo afectan las compras de último minuto a la logística de las empresas?

Una de las imágenes clásicas del 5 de enero es la del aluvión de compradores en las tiendas. Aunque la campaña de Navidad empieza más pronto cada año y se afanan por planificar estrategias para que los consumidores compren, los consumidores suelen esperar hasta el último día para hacerlo, por lo que las tiendas se ven obligadas a abrir más tarde de lo normal. Y lo mismo sucede en los supermercados, donde hay muchas personas que esperan a los últimos minutos para entrar, cuando ya está prácticamente cerrando.

El 95% de los compradores toman sus decisiones de compra en la recta final del trimestre. A pesar de que tengan multitud de ocasiones para hacerlo con tiempo. Probablemente, muchos de ellos esperan al último momento con la esperanza de que les hagan algún descuento, aunque para otros, sencillamente, es un hábito más.

Este fenómeno quizás esté muy relacionado con la vida moderna. Muchos de los servicios de consumo que han surgido en los últimos años están marcados por esa decisión de última hora. Los servicios de comida  a domicilios parten de esa necesidad de comer cuando no tenemos nada en casa o no tenemos ganas de cocinar. Muchos de los movimientos del comercio electrónico van en la misma línea. Los tiempos de entrega se han vuelto cada vez más cortos, potenciándose la inmediatez. Esto ha hecho que el consumidor actual sea más impaciente que hace unos años, pero también que pueda hacer compras de última hora para responder a la necesidad inmediata.

En cierta maneta, este proceso de comprar en el último momento no se encuentra muy alejado de nuestras costumbres y hábitos de la vida diaria, ni de los tiempos que corren. De manera generalizada, solemos dejarlo todo para el final. En el mercado actual, las cosas van cada vez más aceleradas y los tiempos son cada vez más cortos. Los consumidores viven inmersos en una auténtica vorágine de estrés y esto influye también en sus hábitos de consumo y en la manera en la que se relacionan con lar marcas. Tenemos menos tiempo para todo, por lo que apuramos al máximo nuestros calendarios y esperamos que las marcas sean capaces de responder a nuestras necesidades.

Todo ello da lugar a nuevo nivel de presión y de estrés sobre las empresas, ya que complica mucho su estrategia y su logística. Tienen que estar preparadas para satisfacer las necesidades de los consumidores cada vez más rápido. Lo que implica incluso adelantarse a sus  necesidades, es decir, saber qué es lo que van a querer antes incluso de lo sepan los propios consumidores para poder acelerar los procesos de compra y reducir los tiempos. Que cuando el cliente llegue a la tienda, ya lo tengamos preparado.

El problema es que este nuevo escenario conlleva ciertos riesgos. Acostumbrar a los consumidores a un dinamismo todavía mayor y a un margen de maniobra más reducido, podría provocar que los consumidores dejen aún más las cosas para el último momento y que aumenten sus expectativas de un servicio todavía más rápido.

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