Marketing

¿Cuánta y qué tipo de información tienen las empresas de nosotros?

Seguro que alguna vez te has preguntado si las empresas nos espían o si tienen demasiada información sobre quiénes somos, lo que hacemos y lo que queremos. En los últimos años la privacidad se ha convertido en uno de los temas que más preocupan a los consumidores, porque nadie quiere que ninguna empresa sepa demasiado sobre nosotros.

Basta que pensar en el tira y afloja entre las empresas y los consumidores sobe la teoría de «mi móvil me escucha». Aunque las compañías lo han negado de todas las formas posibles, dejando claro que sería prácticamente imposible hacer un seguimiento de todas y cada una de las conversaciones que mantienen los consumidores, la paranoia de los consumidores sigue estando muy vigente e incluso han ido apareciendo elementos que han hecho que el miedo a las escuchas haya ido en aumento. A fin de cuentas es lo que hacen los altavoces inteligentes de manera constante.

La cuestión es que, te escuche o no tu móvil, hay muchas formas de acceder a la información y de perfilar los datos. Basta con pensar en cómo el modo privado de los navegadores no blinda la privacidad de los consumidores. Y, obviamente, hay muchos más datos mucho más sensibles que el usuario no es totalmente consciente cómo pueden llegar a comprometer su privacidad.

Esto es lo que ha puesto en evidencia un reciente estudio llevado a cabo por The New York Times, donde se ha analizado una muestra de los datos de geolocalización que generan las apps móviles y los dispositivos móviles y que ha concluido que permiten conocer de forma muy concreta a los consumidores. Datos que en muchos casos se obtienen de manera ilegal, es decir, sin el consentimiento del usuario.

Una de las cuestiones que repiten de manera constante las operadoras de telecomunicaciones y las empresas de Internet es que los datos que se generan con la conexión móvil y la navegación son completamente anónimos. La información se anonimiza y deja de ser información de un consumidor concreto para ser datos genéricos sobre los comportamiento de los usuarios de manera colectiva, ya que lo que se busca es perfilar un mercado y no a un consumidor concreto para entender cómo se comportan y qué pasos siguen en el proceso de compra. Y es que la publicidad funciona porque aprende lo que hace la sociedad de manera general y no tanto lo que hace una persona concreta.

La cuestión es que esto no deja de ser peligroso, ya que aunque las personas se conviertan en puntos anónimos, no es complicado desentrañar quién es en realidad ese punto sin nombre que se mueve en el mapa con solo cruzar la información disponible con otros datos. Pero además, este tipo de datos que muchas veces entregamos casi sin pensar y pensando que son inocuos, muchas veces son vendidos a terceros para realizar análisis y servir productos y anuncios. Muchos de ellos recogidos de manera completamente legal, ya que han sido proporcionados por el propio usuario sin que las compañías estén incumpliendo la ley.

Evidentemente, toda esta recopilación de información se utiliza para la publicidad y para generar datos de interés para las empresas. Son los que después marcarán los anuncios que se mostrarán en la red o en los movimientos que realizan la compañías. Pero el peligro es mayor, ya que podrían usarse como forma de control de la sociedad y causar graves perjuicios si cayesen en manos de cibercriminales.

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