Influencers

Las marcas ya se han cansado del influencer gorrón

Hace pocas semanas aparecía en los medios de comunicación una notica sobre que la empresa CVT Soft Serve, ubicada en Estados Unidos, había declarado que a aquellos influencers que llegaran a su heladería pidiendo un helado gratis para hacerse una foto para sus redes sociales les cobraría el doble del precio normal. Y además, insistió en que no les importaba nada el número de seguidores que tuvieran.

Una decisión que la empresa tomó después de terminar harta de que los influencers intentaran conseguir helados gratis a cambio de publicaciones. Muchos de ellos con amplias listas de seguidores que realmente son fake, ya que en muchos casos compran a sus followers. La gota que colmó el vaso fue la petición de un «autollamado influencer» para hacer una fiesta para 300 personas a cambio de visibilidad. A lo que la empresa se negó en rotundo.

La actitud tomada por la marca ha sido aplaudida por muchas personas y por otras empresa, pero también por los medios de comunicación que han sido muy empáticos con la situación. Sin embargo, no es el primero que ha decido acabar con este tipo de peticiones. La figura del influencer gorrón que intenta conseguir cosas gratis usando a sus seguidores no es una novedad, sino que apareció con el nacimiento de los influencers, convirtiéndose en un verdadero lastre para el sector.

Las empresas están cansada de este tipo de gente que lo único que consiguen en muchos casos es que se desperdicien los recursos de la empresa. Pero no solamente es perjudicial para las marcas, sino también para el resto de influencers, ya que afecta negativamente a su reputación, haciendo que las empresas se saturen mucho más rápido y que los miren cada vez peor.

El sector de la gastronomía es en el que más se ha notado el hartazgo. Por ejemplo, el chef Dabiz Muñoz, de DiverXO, publicó hace tiempo en las redes sociales que estaba cansado de aquellos influencers que le pedían una comida gratis a cambio de una buena opinión en Instagram. Y la cosa no queda aquí. El verano pasado un restaurante de Vigo denunció e chantaje de una de estas influencers que había puesto un comentario negativo en TripAdvisor porque se había negado a ponerle de comer gratis, el cual obviamente era falso pues nunbca había comido allí.

El problema es que, debido a la figura del influencer gorrón, la figura del influencer en general se ha ido desvirtuando. Sobre todo porque hay muchas personas que se presentan como tales ante las marcas cuando realmente no lo son, porque no tienen peso suficiente en sus mercados ni tanto tirón entre sus seguidores. La pregunta es clara: «Si Instagram dejara de existir mañana, seguirían estos supuestos influencers teniendo importancia en su sector, continuarían siendo un referente. Es evidente que el influencer gorrón desaparecería del mapa, pues no tendrían ni voz ni eco.

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