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Los costes de vida en Europa están reduciendo el consumo

El balance económico de las marcas se encuentra estrechamente ligado a la salud financiera de los consumidores y de la sociedad en la que viven. Por esta razón, cuando los consumidores tienen menos dinero y compran menos, la situación de las empresas se tambalea. Pero las marcas no solamente deben preocuparse por el clima económica general, sino también por el «pequeño» clima de la economía concreta de sus público objetivo. A fin de cuentas, si la economía general goza de salud pero los costes de vida aumentan, el comportamiento de los consumidores cambia.

El incremento de los costes de vida influye considerablemente en la vida, las emociones y las decisiones de los ciudadanos. Por ejemplo, el gran aumento de los precios de los alquileres de las viviendas en los últimos años ha tenido un impacto directo en la salud financiera de los ciudadanos, llegando incluso a generar problemas de ansiedad y depresión. Mientras que los alquileres subían, lo salarios y las condiciones de vida de los consumidores seguían siendo las mismas, aumentando así la precariedad y la incertidumbre.

Todo ello ha dado lugar a una gran tensión financiera en la que los consumidores sienten que tienen más dificultades para llegar a fin de mes y que consumir es más complicado. Cada vez les cuesta más seguir el ritmo económico de la sociedad y que tienen que enfrentarse a mayores desafíos financieros. A lo que hay que añadir que el contexto se vuelve más complejo, lo que hace que los ciudadanos lo entiendan cada vez menos.

Casi la mitad de los consumidores europeos admite que sus facturas están creciendo a un ritmo mucho más rápido que sus ingresos. Y un cuarto de ellos reconoce que incluso tiene que hacer uso de su tarjeta de crédito o pedir préstamos para pagar los gastos que se van acumulando. Y, aunque el 75% de los consumidores ahora parte de su sueldo cada mes, la mitad de ellos no están satisfechos con la cantidad que consiguen ahorrar.

Esta situación de incertidumbre tiene lugar al mismo tiempo que se incrementa la presión del gasto. Esto quiere decir que los consumidores se mueven en un contexto que les impulsa a gastar cada vez más. Un tercio de ellos admite que las redes sociales ejercen un importante efecto de presión para gastar más dinero. Algo que es aún más significativo entre los jóvenes de entre 18 y 21 años, que reconocen que este tipo de plataformas les lleva a gastar más de lo que deberían.

A lo que hay que sumar que los consumidores también consideran que el hecho de acceder a préstamos rápidos de una forma más sencilla y las compras online han impulsado la tendencia a consumir y, sobre todo, a tomar dinero prestado para hacerlo.

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