Marketing

¿Por qué la felicidad ya no vende?

En términos de marketing y de análisis del uso de las palabras para vender, la felicidad se ha convertido en un elemento recurrente para llamar la atención. Tanto es así que muchos recursos de los que se ha abusado hasta la saciedad se han quemado, perdiendo por completo su sentido.

La cuestión es que la felicidad como arma de venta no es una novedad y lleva ya tiempo dominando los mensajes de las campañas de marketing de muchas empresas. El boom comenzó hace algunos años, durante la crisis económica, cuando los consumidores estaban en su momento más bajo. Las dificultades económicas crearon un contexto complejo en el que los consumidores se sentían pesimistas y en el que su estado de ánimo no era demasiado bueno.

Para intentar cambiar el estado de ánimo de los consumidores y su percepción de las cosas, las marcas empezaron a infundir una visión más positiva a sus productos a través de las cosas cuquis y del buenrrollismo. Y si una empresa rodeaba sus productos de un halo divertido y optimista, pronto salían decenas de imitadores. El problema es que no tardaron en convertirse en abrumadores y a estar siempre presentes.

La burbuja del buenrrollismo alcanzó su punto álgido en el año 2014, cuando todas las empresas buscaban ideas para vender y mensajes inspiradores. De esta forma, se multiplicaron como las setas en las redes sociales frases del tipo «Madrugar es un rollo los lunes, pero tienes por delante una gran semana». Los consumidores necesitaban una dosis de optimismo en medio de la crisis y ver la luz al final del túnel y la generación emergente de los millenials querían sentirse felices y que las marcas les hicieran sentirse bien. El caldo de cultivo perfecto.

La cuestión es que ya en ese momento hubo expertos que advirtieron sobre los riesgos de abusar de la felicidad y el buenrrollismo con estrategia de marketing. Sin embargo, este tipo de advertencias fueron desoídas por las marcas, que veían como este tipo de herramientas les ayudaban a aumentar sus ventas considerablemente. Los gráficos de búsqueda de Google Trends evidenciaban que los consumidores querían felicidad y que estaban dispuestos a comprar todo aquello que les diese una pequeña dosis de ello para sentirse mejor. Por eso, marcas de todos los sectores se sumaron al carro de la felicidad y el optimismo.

Los años han pasado y la visión de los consumidores sobre todo ello también. Hoy en día, echar mano de la felicidad y el buenrrollismo para vender sigue siendo habitual y muchos consumidores siguen buscando la felicidad, pero lo hacen de una forma más indirecta y las marcas deben asumir que toda esta burbuja ha ido perdiendo fuelle. Las marcas más relevantes del mercado han abandonado este tipo de mensajes porque consideran que han dejado de ser efectivos. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en Coca-Cola, que durante años centró sus campañas en la felicidad. Y es que la promesa de la felicidad ha empezado a ser demasiado común y muy poco llamativa.

Haz clic para comentar

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *







Subir