Marketing

¿Por qué la nostalgia es una potente arma de venta?

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Basta con dar una vuelta por el supermercado para darse cuenta. Las marcas han explotado notablemente en los últimos años los recuerdos de la infancia para vender prácticamente de todo y los baby boomers son el mejor ejemplo de este proceso. Una generación que está entrando ahora en su etapa madura y que ve cómo las marcas de su infancia se posicionan de manera considerable en sus recuerdos. Las marcas que conocían y amaban de niños son las que continúan recordando hoy en día.

Pero además, hay que destacar que esta generación está asociada al nacimiento de la marca moderna. En las décadas de los 50 y 60, cuando ellos estaban creciendo, empezaron a aparecer con fuerza los valores modernos de las marcas que hoy forman parte de sus recuerdos y que siguen teniendo un papel destacado dentro del mercado.

En aquellos años, el sector del marketing también empezaba a entrar en la modernidad y a tener cada vez más en cuenta a los niños y adolescentes en sus estrategias de marketing, que representaban un alto porcentaje de la población y que tenían una gran capacidad de influencia en las compras familiares. Comenzaban a ser consumidores y a iniciar un camino que ha llevado a la manera en la que actualmente las marcas los ven y conectan con ellos.

Sin embargo, no es el único elemento clave para entender por qué estas marcas están tan presentes en los recuerdos de los baby boomers y por qué conectan tanto con ellos. No se trata solamente de la publicidad que recibieron cuando eran niños, sino también de lo que estas marcas significan para ellos.

Los consumidores las recuerdan y conectan con ellas porque se relacionan con la infancia y con valores positivos como la seguridad y la comodidad de la casa familiar en la que crecieron. Pero también se vinculan con la felicidad y con los buenos tiempos que vivieron sin preocupaciones cuando eran niños.  Un momento feliz y positivo donde las cosas se veían de otra manera.

Pero no solamente se ha notado en los baby boomers, sino también en los millenials, que ha sido una generación tempranamente nostálgica. Normalmente hay que esperar a que una generación haya entrado en su edad madura para que vean la infancia como una etapa teñida de color de rosa y para que se aferren a las marcas del pasado porque están demasiado ocupados para hacerlo. Sin embargo, los millenials no habían llegado a los 30, cuando ya habían empezado a consumir los productos de su infancia. Algo que está muy marcado por el contexto en el que crecieron.

Para los millenials, estos productos no solamente son una alternativa ante el desencanto de lo que las marcas les ofrecen en la actualidad, sino que también suponen un bálsamo en un contexto complicado. Justo cuando los millenials entraban en la edad adulta, llegó la crisis económica y con ello el paro, el estrés, la precariedad y las dificultades. Las marcas de su infancia les devolvían a un mundo en el que se sentían seguros y llenos de cosas positivas.

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