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Se acabó jugar con el precio de los productos básicos para impulsar el consumo

La publicidad y las estrategias de de marketing que los supermercados utilizan para aumentar sus ventas y conectar con los consumidores tienen los días contados. El gobierno acaba de aprobar un Real Decreto-ley con un paquete de medidas en el terreno de la agricultura, la pesca y la alimentación para apoyar y proteger a los productores de esto sectores. La nueva normativa tiene puntos que influyen en los precios y en la regulación de la industria, pero también en las estrategias comerciales que sigue la industria de la alimentación para vender.

A grandes rasgos, la nueva legislación prohíbe la venta a pérdidas y regula las promociones comerciales para que no haya campañas engañosas. Esto impedirá vender productos a precios muy bajos que asfixien a los productores y desactivará algunas de las estrategias de promoción que emplean las cadenas de supermercados para potenciar las ventas.

«Para evitar la banalización de los productos, se exige que el lanzamiento y desarrollo de promociones, que se realicen en el ámbito de aplicación de la ley de la cadena alimentaria, se basen en un marco de acuerdo y libertad de pactos, interés mutuo y flexibilidad para adaptarse a las circunstancias particulares de los distintos operadores», explican en la presentación de la normativa. Las promociones no podrán influir en la percepción del consumidor en cuanto al valor y a la calidad del producto y tampoco podrán generar una imagen distorsionada de su precio.

Por ejemplo, ya no se permitirá regalar una botella de aceite de oliva a quien compre dos botellas de detergente, con el objetivo de evitar que se devalúe la percepción del precio y el valor del aceite. Estrategias que son bastante habituales en los supermercados, que usan productos que los consumidores desean o consumen de manera frecuente, con la intención de llamar su atención y elevar sus patrones de gasto.

Del mismo modo, los precios de los productos más cotidianos del carrito de la compra se utilizan como baza para llamar la atención de los consumidores. Se vende con márgenes muy reducidos, pero con ello se crea la idea de que ese supermercado es muy económico y se beneficia al resto del carro de la compra. La leche es uno de los mejores ejemplos de este tipo de técnicas. Los supermercados establecen un precio muy barato para este producto con la finalidad de usarlo como reclamo para captar a más consumidores.

La cuestión es que lo que se consigue es banalizar un producto alimentario por su uso como señuelo con precios por debajo de costes para atraer clientes a sus supermercados. En el caso de la leche, la diferencia entre aquellos supermercados que tira sus precios y aquellos que pagan un precio justo a los productores puede ser perfectamente de 20 céntimos. Sin embargo, vender la leche a unos 50 céntimos el litro la pone prácticamente precio de coste.

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